

Al-Qaeda empezó a gestarse en el conflicto afgano de los años 80. Es en su yihad contra la invasión soviética, que el multimillonario saudí Ossama Bin Laden empieza a reclutar, entrenar y organizar un pequeño ejército islamista de mujaidín dispuestos a luchar contra el enemigo. Él mismo, con el apoyo de la monarquía saudí, Estados Unidos y Pakistán, lo sufragará. Esta labor se canalizará en parte a través de una organización denominada MAKT en la que compartirá responsabilidades con Abdullah Yusuf Azzam, un ideólogo del movimiento islamista. La llegada de la victoria mujaidín separará sus caminos: Bin Laden pretende extender la yihad militar contra los infieles, al contrario que Azzam, quien morirá poco después en extrañas circunstancias.
De ese miniejército y los contactos fraguados con otros grupos islamistas radicales durante la guerra nacerá hacia 1988 Al-Qaeda o La Base. El significado de esta denominación varía según las fuentes. Ya sea por alusión a la base militar de entrenamiento o por la base de datos donde Bin Laden registraba a los combatientes, Bin Laden contaba por entonces con un grupo de partidarios preparados para la yihad militar.
Desde principios de los 90 se sucederán acciones terroristas con las que Al-Qaeda sería relacionada a posteriori. La salida de Sudán de Bin Laden por las presiones internacionales y su llegada a Afganistán colocarán de nuevo a este país como centro de las actividades de Al-Qaeda, sobre todo por la connivencia de los talibán, una de las facciones en guerra que acabaría por hacerse con el poder. Bajo este paraguas, Bin Laden urdiría sus atentados y fortalecería su trama.
En febrero de 1998, se llevó a cabo una cumbre de organizaciones terroristas que con el nombre "Frente Islámico Internacional para la Yihad contra los Judíos y los Cruzados" proclamaron el "deber individual de todo musulmán" de "matar a norteamericanos y sus aliados civiles y militares" hasta liberar los lugares santos.
Los atentados de las embajadas americanas en Kenya y Tanzania, con más de 200 muertos, pondrían en auténtica alerta a Estados Unidos, aunque el atentado no fuese reivindicado directamente por Al-Qaeda.
Las acciones violentas -muchas veces no reivindicadas o confusas- desembocaron en el mayor golpe terrorista en suelo americano: el 11-S. El ataque de Estados Unidos a Afganistán posterior no sólo destronó a los talibán sino que además desmanteló en un primer momento la estructura de Al Qaeda en la zona, lo que no fue óbice para que las células autónomas siguieran funcionando.

Precisamente, esta estructura descentralizada dificulta la desarticulación: a pesar de que caiga una de las células, el resto pueden permanecer intactas; si se desmantelara el centro, los grupos quizá podrían seguir actuando.
En la cúpula de la organización se halla su creador, Ossama Bin Laden, quien cuenta con el egipcio Ayman Al-Zawahiri como número 2 de la organización. En Iraq, Al-Qaeda estaba encabezada, según Estados Unidos, por el jordano Abu Musab Al Zarqaui, que murió en un ataque aéreo americano en el norte de Bagdad. El núcleo central estaría dividido en distintas áreas, entre ellas probablemente una financiera, otra militar y otra diplomática.
Actualmente, la fuerza del islamismo reside en que cada día hay islamistas moderados que por las duras condiciones de su vida se convierten en radicales. Además, los jóvenes consultan internet para AP integrarse en la resistencia armada iraquí. "La policía argelina detiene entre diez y doce personas cada mes que planean ir a Iraq o que regresan para librar la yihad en el Magreb".
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